Biodiversidad del PN Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas

Flora y Vegetación

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Piorno azul. Foto: Geoiberia.


La flora del P.N. de Cazorla, Segura y las Villas destaca por ser una de las más ricas y variadas del ámbito mediterráneo, superando el millar de especies. Presenta un gran número de endemismos, la mayoría hierbas o pequeños arbustillos rastreros con flores minúsculas, muchas de ellas amenazadas de extinción y relegadas a ambientes muy inestables, como la violeta de Cazorla (Viola cazorlensis), el geranio de Cazorla (Geranium cazorlense), el narciso (Narcissus longispathus) o la Aquilegia pyrenaica subsp. cazorlensis, una reliquia del último período glacial que vive refugiada en las altas cumbres. En total, entre gimnospermas y angiospermas son casi 2000 las especies catalogadas, a las que habría que sumar los helechos, musgos y hepáticas.

 

LOS BOSQUES AUTÓCTONOS

El bosque es un complejo ecosistema constituido por gran cantidad de componentes estrechamente relacionados entre sí. Es el estado de máxima diversidad y complicación que puede alcanzar la vegetación, excepto en los lugares en que no se puede desarrollar de forma natural debido al clima, la geología o la escasez de suelo.

En su estado más evolucionado, el bosque está constituido por una serie de estratos, el arbóreo, el arbustivo, las lianas o plantas trepadoras y las hierbas. El estrato arbóreo está representado por los árboles y bajo el se desarrollan el resto. El estrato arbustivo, el herbáceo, el lianoide y el muscinal, constituyen en general el denominado sotobosque. El ambiente boscoso se caracteriza por la umbría que se desarrolla bajo los árboles, lo que permite que el aire y el suelo se mantengan húmedos, se amortigüen las oscilaciones térmicas, el viento sea más calmado y el suelo esté más protegido frente a la erosión. Además, las hojas caídas de los árboles constituyen un abonado continuo.

En los bosques de las regiones mediterráneas las copas de los árboles contactan unas con otras, proyectando abundante sombra sobre los estratos inferiores, constituidos mayoritariamente por especies de hoja perenne. El estrato arbóreo suele estar dominado por una sola especie de árbol, a la que acompañan otras con menor significación. Las formas arbustivas y las lianoides están bien representadas, lo que hace que estos bosques tengan una estructura densa y difícil de penetrar.

Las condiciones ambientales que se generan en las distintas zonas de la geografía originan comunidades adaptadas a cada uno de los intervalos. La vegetación potencial de una zona es aquella que debería estar presente en las condiciones originales y de máxima diversidad y complejidad del bosque.

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Fotos: Geoiberia.

El bosque esclerófilo mediterráneo es la formación forestal mediterránea por excelencia. Sus plantas se han adaptado a la rigurosa sequía estival y a aprovechar al máximo los períodos favorables de temperatura y humedad. Sus hojas son duras, coriáceas, de pequeño tamaño y perennes, manteniéndose sobre las ramas a lo largo de varios años.

Sin embargo, los bosques actuales son el resultado de acciones simplificadoras del hombre y de actuaciones que tienden a favorecer determinados tipos de aprovechamientos. La intensa influencia milenaria del hombre en la región mediterránea ha originado la aparición de unos tipos de bosques diferentes de los que se desarrollarían bajo las condiciones naturales.

Tan sólo quedan vestigios del bosque original, denso e impenetrable. Por doquier, la actividad humana lo ha modificado y lo que observamos hoy, es la transformación de aquellos bosques legendarios en manchas dispersas por la geografía, normalmente reunidas en zonas que por su escasa comunicación geográfica, no han sido densamente habitadas. Aún así, estos últimos reductos se han visto muy modificados por la tala, quema, corta y demás aprovechamientos a los que han sido sometidos a lo largo de milenios.

Estas sierras de Jaén, constituyeron un lugar de variada diversidad boscosa, con un sotobosque rico en especies. Densos encinares, recios pinares, frondosos quejigales y acerales, distribuidos por su variable orografía, han quedado reducidos a formaciones más homogéneas y menos amplias, ya que el aprovechamiento maderero que de estas sierras se ha hecho durante los últimos 6 siglos, ha sido muy alto, originando una pérdida de diversidad del bosque original.

Las masas boscosas de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, están dominadas como es de esperar hoy por el pinar, muy extendido por todos los pisos. Aparece también, pero de forma localizada el encinar, el quejigal-aceral y el melojar, entre otros. Aún así, sorprende encontrar una multitud de rincones en los que la mezcla de la vegetación original y la de origen antrópico mantienen un equilibrio ecológico considerable.

 

LOS BOSQUES DE GIMNOSPERMAS

Estos bosques autóctonos de la alta montaña mediterránea son el lugar de pinares, sabinares y enebrales, junto a piornos y tomillares. Destacan aquí numerosos endemismos de estas sierras, como el geranio de Cazorla (Geranium cazorlense), Hormatyphylla baetica, Aquilegia pyrenaica subsp. cazorlensis, Erodium cazorlanum, etc. algunos en peligro de extinción. En el Parque se encuentran los bosques de pinos laricios mejor conservados del Sur de España, dominando sin competidor la alta montaña.

EL PINAR

En su origen son formaciones relictas de pino salgareño (Pinus nigra subs. salzmanii ), más conocido en estas sierras como pino laricio, que se desarrolla en zonas donde la topografía es adversa a la aparición de angiospermas arbóreas. Son autóctonos de la alta montaña mediterránea, a más de 1000 ó 1200 m de altitud, ascendiendo hasta los 2200 m en algunos casos. Se extienden pues por los pisos supra- y oromediterráneo, con ombroclimas seco y subhúmedo. En estas zonas, los fríos invernales impiden el desarrollo del encinar y las sequías estivales lo hacen de los bosques de caducifolios.

Es un bosque aciculifolio de fisionomía abierta, con una estratificación simple, dominada por el pino laricio que alcanza los 40 m de altura. Está adaptado a las bajas temperaturas, que producen xericidad fisiológica al estar el agua congelada, y a los vientos invernales, así como a las altas temperaturas y la xericidad estival.

La acción del hombre también ha ocasionado la expansión de manchas boscosas de pino negral o rodeno (Pinus pinaster), que alcanza los 35 m de altura. Aparece en altitudes medias, entre 1000-1300m y se encuentra más extendido de lo natural en estas zonas.

En este tipo de bosques domina un estrato arbóreo constituido por los pinos, con un matorral de sabinas, enebros y piornos.

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Fotos: Geoiberia

En las zonas más bajas pueden aparecer otros árboles como quejigos (Quercus faginea) en lugares húmedos y encinas (Quercus rotundifolia) en las partes soleadas, cerca de arroyos y en las laderas más frescas pueden aparecer, aunque de forma aislada, tejos (Taxus baccata), acebos (Ilex aquifolium), áceres (A. monspesulanum, A. opalus subesp. opalus, A. opalus subesp. granatense), mostajos (Sorbus aria), cerecinos (Prunus mahaleb), maguillos o manzanos silvestres (Malus sylvestris) y olmos montanos (Ulmus glabra). La composición del sotobosque de los pinares autóctonos varía según la altitud, el tipo de suelo y la alteración a la que se han visto sometidos. Estas formaciones constituyen el máximo ecológico en estas áreas y su buen estado de conservación en amplias zonas del Parque Natural, permite la preservación de multitud de especies endémicas que crecen bajo sus árboles. Por lo general, el sotobosque no se encuentra desarrollado, apareciendo en su lugar prados de gramíneas, acompañados por algunos arbustos espinosos.

En las zonas más altas, sobre el oromediterráneo aparece en el sotobosque la sabina rastrera (Juniperus sabina) y el enebro rastrero (Juniperus communis subesp. hemisphaerica), que no suelen sobrepasar el metro y medio de altura, se encuentran adheridos al suelo y crecen en forma subcircular, ofreciendo el aspecto de manchas, constituyendo junto con los pinos una comunidad de gimnospermas muy bien adaptada en la mayor parte de las zonas altas del territorio.

En lugares más frescos y cálidos, a menor altitud, el sotobosque puede presentar majuelos (Crataegus monogyna, C. laciniata), que dan un tono de colorido en otoño, el agracejo (Berberis hispanica), arbusto perennifolio que puede alcanzar el 1,5 m de altura, el torvizco montano (Rhamnus oleoides), el espino de tintes (Rhamnus saxatilis), la retama negra (Cytisus reverchonii), el durillo negro (Cotoneaster granatensis), el Prunus prostata y el garbancillo (Ononis aragonensis). Entre las plantas trepadoras destacan los escaramujos (Rosa canina, R. sicula, R. micrantha y R. pouzinii), la madreselva (Lonicera arborea) y las zarzaparrillas (Helianthemum hirtum, H. croceum y H. marifolium).

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Fotos: Geoiberia

Tanto en los pinares del supra- como del oromediterráneo, es común un matorral de piornos, donde abundan el cojín de pastor (Erinacea anthyllis), piorno (Genista longipes), el piorno blanco (Echinospartum boissieri), etc.

A menor altitud, generalmente por debajo de los 1000 m, la vegetación natural (encinares, quejigales y demás), ha sido sustituida en muchos casos por pinares de repoblación, con predominio del pino carrasco (Pinus halepensis). Este árbol, ampliamente representado en todo el mesomediterráneo, puede alcanzar los 20 m de altura, no resiste los fríos invernales y aguanta bien la escasez de precipitaciones. Ha sido extensamente usado en Andalucía para la repoblación por debajo de 1300 m en zonas secas y soleadas. Aparece asociado o sustituyendo al encinar, con un sotobosque típico de éste último.

El pinar, autóctono o de repoblación, se encuentra ampliamente difundido debido a la acción del hombre, que ha talado y repoblado con estos árboles para su aprovechamiento maderero. Si bien muchos de los efectivos de pino carrasco y pino negral provienen de repoblaciones, la mayoría de las masas, especialmente las que aparecen sobre yesos y dolomías son de carácter autóctono.

Es normal, por supuesto, encontrar todos o algunos de estos pinos juntos, con un sotobosque rico en especies, coscojas (Quercus coccifera), durillos (Viburnum tinus) y en las zonas más térmicas, lentiscos (Pistacia lentiscus), con un matorral donde abunda el romero (Rosmarinus officinalis). Pero también se observan masas monoespecíficas de pinos repoblados que no desarrollan bajo ellos sotobosque alguno, estando el suelo cubierto por una densa masa de hojas de pino.

SABINAR Y ENEBRAL

Entre los 700-1900 m, existen en estas zonas manchas boscosas de sabina albar (Juniperus thurífera), la única que constituye amplias formaciones, por lo general arbóreas. La sabina negra o mora (Juniperus phoenícea) puede constituir junto con la anterior y los pinos, bosques de gimnospermas que se desarrollan sobre sustratos calizos y dolomíticos, en zonas donde el suelo es prácticamente inexistente y la vegetación arraiga casi sobre la roca desnuda, como en fisuras de rocas o suelos esqueléticos y arenosos, muy áridas con máximos climáticos acusados, donde en verano la xericidad se une al sobrecalentamiento de la roca y en invierno soportan heladas y fuertes vientos. En las zonas más bajas y térmicas aparece el enebro de la miera (Juniperus oxycedrus). En el sotobosque encontramos un matorral subserial, que sobre suelos húmedos está compuesto por espino, majuelo, agracejo, cerezo, rosas y madreselvas entre otros.

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Fotos: Geoiberia

Bajo estas formaciones o en las zonas en las que se encuentran degradadas, se desarrolla un pastizal de gramíneas, con especies diferentes según la altitud y el grado de humedad. En estos pastizales aparecen especies como el esparto (Stipa tenacissima), el lastón (Helictotrichum filifolium) y el garbancillo (Astralagus sp.).

Desde los 1800 m de altitud hasta los picos más elevados de estas sierras, dominan las plantas rastreras o de porte almohadillado adaptadas para soportar los rigores del clima, con oscilaciones térmicas mayores de 50 ºC, cubiertas de nieve la mayor parte del año y con vientos fuertes y fríos. Son características aquí las formaciones de sabina rastrera (Juniperus sabina) y enebro (J. communis subesp. nanna), acompañadas de un arbustillo típico de las zonas altas (Daphne oleoides) y abundantes piornos (Erinacea anthyllis). En las zonas más térmicas puede aparecer el pino laricio y algunas de las especies del pinar, como el espino de tintes, el Prunus prostata y la rosa sicula.

Entre las sabinas, enebros y piornos aparecen multitud de plantas de pequeño porte, muchas de ellas endemismos de las sierras. Destacan Aquilegia pyrenaica subsp. cazorlense, Geranium cazorlense, Viola cazorlensis, Saxifraga camposii, Helianthemun marifolium, Rhamnus pumilus, Convolvulus boissieri, Astragalus sempervirens, Andryala agardii, Arenaria lithops y A. tetraquetra.

 

EL BOSQUE MEDITERRÁNEO. EL ENCINAR

El encinar representa la vegetación arbórea en equilibrio con el clima típicamente mediterráneo, con veranos secos y calurosos e inviernos no muy fríos, pero con algunas heladas. Sus componentes poseen hojas siempre verdes, generalmente pequeñas, a menudo coriáceas y poco jugosas, así como otras adaptaciones para evitar la excesiva evapotranspiración.

En otras épocas, estos bosques debieron estar muy extendidos por amplias zonas del Parque Natural, sobre todo en el mesomediterráneo, por debajo de los 1000 m y en las zonas más cálidas del supramediterráneo, hasta los 1200-1400 m. Pero la presión a que se ha visto sometido este bosque por las distintas civilizaciones ha sido enorme. Hoy aparecen en este ámbito geográfico pequeñas manchas boscosas de encinares, sobre todo básicos, empobrecidos en especies y formando en muchos casos dehesas o con desarrollo sólo del sotobosque.

La degradación a la que se ha visto sometido el bosque original ha derivado en el desarrollo de extensos matorrales subseriales, que pueden estar formados por una gran variedad de especies, en función del grado de degradación, de las características del suelo y del microclima. En estas zonas, el maquis es sustituido por un matorral intermedio entre éste y la garriga, compuesto por el jaguarzo o romero macho (Cistus clussi), el jaguarzo o jara blanca (Cistus albidus), el jaguarzo (C. monspeliensis), jaguarzo blanco (Halimium atriplicifolium), retama (Retama sphaerocarpa), aulaga (Ulex parviflorus), romero (Rosmarinus officinalis), el espliego (Lavandula latifolia), aliaga (Genista scorpius), lino (Linum sufrutticosum), tomillo (Thymus orospedanus), esparto (Stipa tenacissima), espino (Rhamnus lycioides) y el pinillo falso (Teucrium pseudochamaepitys) entre otros. Sobre suelos secos y terrosos dominan el retamal-espartal; sobre suelos húmedos, el espinal y en suelos pedregosos domina el romeral, tomillar y jaral. En zonas donde la degradación es total aparece un pastizal-erial de gramíneas vivaces.

Los enclaves de encinar que se pueden observar hoy en el Parque, se localizan en el meso- y supramediterráneo. En el sur aparecen en las zonas umbrías de la sierra de Quesada y en el embalse de la Bolera, por todo el territorio se localizan en barrancos umbríos como los de los ríos Borosa, Aguasmulas y Segura, alternando con quejigales en áreas húmedas de supramediterráneo, como el Vadillo-Castril, Arroyo de San Pedro, Puntal de Ana María, Guadahornillos, etc. También se reconocen encinares en algunos arroyos como el de las Truchas o el de Guadahornillos.

EL ENCINAR BASÓFILO

También denominado "encinar con peonia", presenta una comunidad madura o climax (Paeonio coriaceae-Quercetum rotindifoliae) que en condiciones favorables y buen estado de conservación, es una comunidad pluriestratificada, con un estrato arbóreo dominado por la encina (Quercus rotundifolia) que puede alcanzar 5 ó 6 m de altura y con las copas juntas, crea un microclima en su interior. Requiere de suelos bien desarrollados y profundos, sin embargo, este árbol es indiferente edáfico, aunque presenta un sotobosque con estrato arbustivo, lianoide, muscinal y herbáceo, que es distinto según la naturaleza básica o ácida del suelo. En las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, es el encinar basófilo el que se encuentra mejor representado, ya que la mayoría de sus rocas son carbonatadas y en las zonas más umbrías, el quejigo (Quercus faginea) puede aparecer acompañando a la encina.

Este encinar, denominado "encinar con peonía", presenta un estrato arbustivo bastante desarrollado, el "maquis", localmente conocido como "maleza", que domina además en los claros y orlas del bosque y en zonas donde éste se ha degradado, sin tronco ni copa diferenciada.

En las zonas más cálidas, a menor altitud, el sotobosque está compuesto por coscoja (Quercus coccifera), lentisco (Pistacia lentiscus), labiérnago (Phillyrea angustifolia),el durillo (Viburnum tinus), acebuche (Olea europaea subsp. sylvestris), mirto (Myrtus communis), torvizco (Daphne gnidium), jazmín silvestre (Jasminum fruticans), tomillo, retama, genista y esparto, entre otros.

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Fotos: Geoiberia

A partir de los 700 y/ó 1000 m de altitud, el encinar se vuelve más abierto y achaparrado, desapareciendo algunas especies propias de zonas más cálidas. Se desarrollan en este sotobosque el serbal (Sorbus domestica), el madroño (Arbutus unedo), agracejo (Phillyrea latifolia), el guillomo (Amelanchier ovalis subsp. ovalis), el mostajo o espejón (Sorbus torminalis), el agracejo (Berberis hispanica), el majuelo (Crategus monogyna), rosas (Rosa sp.), el espino negro (Prunus lycioides), el endrino (Prunus spinosa), el enebro de la miera (Juniperus oxycedrus), etc.. En los matorrales, aparacen el tomillo aceitunero (Thymus zygis), el romero (Rosmarinus officinalis), la alhucema o espliego (Lavandula latifolia), crujía o digital oscura (Digitalis obscura), jaguarzos y jaras y en los ambientes más frescos la cornicabra (Pistacia terebinthus), el rusco (Ruscus aculeatus), el garbancillo (Ononis aragonensis) y la salvia (Salvia blancoana).

Las plantas trepadoras están constituidas por lianas con tallos capaces de trepar hacia la luz. Aparecen el jazmín silvestre (Jasminum fruticans), esparrageras (Asparragus acutifolius), madreselvas (Lonicera etrusca, L. splendida, L. implexa), hiedras (Hedera helix), zarzaparrillas (Smilax aspera), rosas silvestres (Rosa pouzinii), escaramujos (Rosa canina), rubias (Rubia peregrina) y bidarras o muermueras (Clematis flámmula).

En el fondo del bosque, por último, se diferencian una multitud de hierbas muy variadas que la mayoría de las veces no florecen, reproduciéndose de forma vegetativa, excepto en aquellas zonas en las que el bosque está muy aclarado y tiene suficiente luz. Se desarrollan aquí las peonías (Paeonia broteroi), los rapónchigos (Campañula rapunculus) y las primaveras (Primula vulgaris). Acompañando a éstas hay una cubierta de musgos, lo que indica la alta humedad del bosque en contraste con el macroclima xérico del encinar.

EL ENCINAR SILICÍCOLA

Este encinar aparece sobre suelos ácidos y es muy raro en el parque, apareciendo en zonas muy localizadas de estas sierras, en la parte norte. Se desarrolla sobre substratos pobres en bases y aunque la encina sigue siendo el árbol dominante y en el sotobosque aparecen algunas especies que también lo hacen en el encinar basófilo, por su naturaleza de indiferentes edáficos, como la coscoja o el enebro, se encuentran aquí especies florísticas adaptadas a estos suelos ácidos. Destacan el madroño (Arbutus unedo), el piruétano o peral silvestre (Pyrus sp.) y el brezo (Erica arborea). En el sotobosque aparece la rubia (Rubia peregrina), el heléboro (Helleborus sp.) y el torvisco o torvizco (Daphne gnidium).

Aparece sobre reducidas zona del parque, está en muchos casos degradado y en su lugar aparece un matorral subserial que sobre suelos húmedos desarrolla un espinal con majuelo (Crataegus monogyna), cerezo (Prunus sp.) y rosas (Rosa sp.) y en zonas más secas aparece el lastonar. En suelos pedregosos es típico el tomillar donde destaca la mejorana o tomillo blanco (Thymus mastichina), la salvia (Salvia sp.) y la lavanda o cantueso (Lavandula stoechas). Al igual que en el encinar basófilo, cuando el bosque ha sido degradado al máximo aparece un pastizal.

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 Fotos: Geoiberia

 

LOS BOSQUES CADUCIFOLIOS

Los bosques de caducifolios tienen su óptimo en las zonas más altas del mesomediterráneo y en las más bajas del supramediterráneo, con ombroclima al menos subhúmedo. Aparecen en condiciones microclimáticas donde la altitud, la orientación (zonas umbrías) y la presencia de suelos profundos producen suficiente humedad en verano, que además es la época en la que desarrollan mayor actividad. Se encuentra, sin embargo, en un delicado equilibrio con el medio, hasta tal punto, que pequeñas alteraciones del mismo pueden provocar su desaparición y ser sustituidos por comunidades más adaptadas a la xericidad estival.

Son bosques pluriestratificados con estrato arbóreo, arbustivo y de matorral, plantas trepadoras, hierbas y musgos. Hoy se localizan en buenos ejemplares en vaguadas, barrancos o umbrías, como en la Cañada de las Fuentes, Puntal de Ana María-Tranco del Lobo, río Zumeta y en la Tejerina.

EL QUEJIGAL-ACERAL

El quejigal como comunidad aparece sobre sustratos ricos en bases y en zonas umbrías, desarrollando un estrato arbóreo dominado por el quejigo (Quercus faginea). Este árbol, que es indiferente edáfico, llega a alcanzar los 20 m de altura, tiene copa redondeada y presenta hojas simples y semicaducas, suele aparecer aislado dentro de otras comunidades boscosas, como el encinar, pero cuando forma bosques, suele estar acompañado por áceres (Acer opalus subsp. granatense y A. monspessulanum), formando el quejigal-aceral.

Junto a quejigos y áceres aparecen formando el bosque otros árboles caducifolios como el serbal (Sorbus domestica) y el mostajo (Sorbus torminalis), de hasta 20 m de altura, el cerecino (Prunus mahaleb), y en las zonas más húmedas, el avellano (Corylus avellana) y el tejo (Taxus baccata), árbol perenne que puede alcanzar los 15 m de altura. El sotobosque está compuesto por especies que también son características del encinar basófilo de zonas húmedas, pero aparecen aquí como más característicos el espino albar (Crataegus lacinata), la lauréola o torvizco macho (Daphne laureola), el heléboro fétido (Helleborus foetidus), la muermuera (Clematis flammula) y las peonías (Paeonia officinalis).

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Fotos: Geoiberia

En las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, aparecen pequeñas manchas boscosas donde puede observarse este tipo de comunidad. Impresiona su esplendor en primavera y el colorido que presentan sus hojas en otoño, lo que origina paisajes característicos de zonas situadas geográficamente más al norte. El bosque original, debió cubrir amplias zonas del Parque entre los 1000 y los 1500 m, en los pisos mesomediterráneo húmedo y supramediterráneo, pero hoy se encuentran en su mayor parte reemplazadas por los pinares o mezclados con éstos y con encinares o espinales.

Cuando este bosque aparece degradado, el matorral serial característico es el espinal, pero éste puede variar según la naturaleza del suelo. Aparecen el guillomo (Amelancher ovalis), la cornicabra (Pistacea terebinthus), el boj (Buxus sempervirens), el durillo (Viburnum lantana), el aligustre (Ligustrum vulgare), el agracejo (Berberis hispanica), el majuelo (Crataegus monogyna) y la rosa silvestre (Rosa pouzinii) entre otros. Sí el sustrato es pedregoso y el bosque aparece muy degradado, estos arbustos son sustituidos por un romeral; sobre suelos terrosos lo hace el espartal. Si la degradación es total se desarrolla un pobre pastizal-erial.

EL MELOJAR

Esta comunidad ocupa, por lo general, el mismo ecosistema que el quejigal-aceral, pero lo hace sobre suelos ácidos. Aparece puntualmente, en la zona del río Madera, en la sierra de Segura y lo hace sobre las arenas de las facies Utrillas.

El melojar necesita de suelos ácidos y forma una comunidad de caducifolios muy característica, donde el roble-melojo (Quercus pyrenaica), es el árbol dominante. Este roble, típico de la región mediterránea, puede alcanzar los 20 m de altura. Aparecen junto a éste otros árboles caducifolios como el quejigo, el serbal, el mostajo, el arce (A. granatense) y arbustos entre los que destacan el majuelo, el agracejo (Berberis hispanica), la mundillo (Viburnum opulus) y el endrino (Prunus spinosa). Encontramos aquí como una rareza el acebo (Ilex aquifolium), especie de climas más norteños, que encuentra en esta sierras su distribución más meridional. Se desarrollan también en el sotobosque majuelos, rosas y madreselvas.

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Fotos: Geoiberia

La degradación de los melojares ha derivado en amplias zonas en lastonares y jarales, donde abunda el lastón (Festuca sp.), el escobón (Cytisus reverchonii), las jaras o jaguarzos (Cistus albidus, C. salviflorus, C. laurifolius), la mejorana (Thymus mastichina) y el cantueso (Lavandula stoechas).

EL AVELLANAR

Este bosque, que debería extenderse por zonas con humedad ambiental muy elevada, en los barrancos umbríos y frescos, sobre suelos carbonatados, está restringido a la zona norte del Parque, en escasos puntos de la Sierra de Segura, como el paraje de las Acebeas y la Cueva del Agua. Sus requerimientos hídricos hacen que en la mayoría de los casos se encuentren algo degradados y que especies más aptas, como las comunidades de bosques de ribera, se encuentren sustituyéndolos o mezclándose con el avellanar.

La especie dominante es el avellano (Corylus avellana), arbolillo caducifolio que llega a alcanzar los 8 m de altura y es indiferente a la naturaleza mineralógica del suelo. Aparecen junto a éste el acebo y el mostajo (S. torminalis). El sotobosque de estas estas manchas boscosas desarrolla una comunidad de especies florísticas propias de las zonas más frías, donde se pueden encontrar especies como las fresas silvestres (Fragaria vesca), el geranio de los bosques (Geranium sylvaticum), la pipa de indio (Monotropa hypopitys), etc.

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Fotos: Geoiberia

 

LOS BOSQUES DE RIBERA

Estos bosques van ligados a la presencia de agua, desarrollándose por lo general serpenteantes junto a los cursos de agua. Constituyen verdaderos bosques en galería, de los que hay magníficos ejemplos en todo el Parque. Su papel en zonas con frecuentes inundaciones puede ser esencial frente a catástrofes naturales tan comunes en nuestras latitudes, amortiguando el efecto de las avenidas, ya que regulan el nivel de agua. Pueden situarse en las orillas con las raíces en el agua o fuera de esta, pero siempre en zonas inundables, a lo largo de las corrientes de agua.

La cobertura arborea, en relación al desarrollo de bosque en galería propios de estas zona, puede variar mucho dependiendo del tipo de río. Por ejemplo, en los ríos Madera y Segura es casi del 100%, con bosques en galería bien desarrollados y un estado de conservación excelente, el río Madera presenta una cobertura del 50% y el curso alto del río Guadalentín del 10%, ya que en su mayor parte, éstos bosques originales han sido sustituidos por pinos.

Aparece en estos bosques caducifolios un sotobosque con espinos y zarzas, con ramaje intrincado y lianoide. Cuando el bosque está degradado, este matorral constituye la vegetación dominante. Abundan entre las especies zarzas (Rubus ulmifolius, R. canescens), rosas, madreselvas, parras (Vitis vinifera), taray (Tamarix africana) y adelfa (Nerium oleander). También se desarrollan carrizales que enraízan en el fondo de las aguas someras y tranquilas, en zonas generalmente llanas, juncales, herbazales de corriente y pastizales húmedos, que constituyen toda una comunidad de plantas flotantes.

Además de los árboles más característicos de las comunidades que se nombran a continuación, aparecen una serie de árboles y arbustos como el aligustre (Ligustrum vulgare), el avellano (Corylus avellana) en las zonas más húmedas, el boj (Buxus sempervirens) y la laureola (Daphne laureola). A menor altitud se desarrollan el cornejo (Cornus sanguínea), la lantana o durillo (Viburnum lantana) y los emborrachacabras (Dorycnium rectum y Coriaria myrtifolia.

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 Fotos: Geoiberia

SAUCEDAS

Destaca entre las comunidades arbustivas las saucedas, que forman estrechas bandas de vegetación a lo largo de los arroyos y ríos, en muchos casos con una gran cobertura. Es la vegetación de ribera más extendida dentro del Parque, además son pioneras en la colonización de riberas y cascajales. Están sometidas y adaptadas a las crecidas de los cursos de agua, contribuyendo a la fijación de los márgenes del cauce, atenuando los efectos erosivos y actuando como barrera natural que protege las riberas. Dominan las mimbreras y sargatillos (Salix frágilis, S. purpurea, S. elaeagnos), con algunas sargas negras (S. atrocinerea) y sauces blancos (S. alba).

ALAMEDAS O CHOPERAS

Son comunidades arbóreas que se sitúan sobre del lecho de inundación de los ríos, con un nivel freático constante, constituyendo por lo general una banda más externa a las saucedas. El álamo blanco (Populus alba), que puede alcanzar los 30 m de altura, bajo el que se desarrollan espinales con zarzas, lianas y plantas umbrófilas, es la especie dominante de este bosque, pero en muchos casos es sustituido por el chopo o álamo negro (Populus nigra) o por un chopo híbrido usado como plantación forestal para su aprovechamiento. Estos bosques son más abundantes en las zonas de menor altitud.

OLMEDAS

Las olmedas son comunidades riparias que en estado natural forman un bosque más lejano al río que las choperas. Se desarrolla en las vegas de los ríos, con suelos potentes, lo que ha motivado su desaparición en muchas zonas, al ser talados para instalar huertas. En su estado natural, la especie dominante es el olmo de montaña (Ulmus glabra), árbol caducifolio de hasta 35 m de altura, que se extiende desde los 500 a los 2300 m. Es característico de zonas más norteñas, encontrando en estas sierras uno de sus reductos más meridionales. En muchos casos es sustituido por el olmo (Ulmus minor), de menor porte y ampliamente desarrollado en toda la región mediterránea.

FRESNEDAS

Constituyen los bosques de galería más alejados del río. Necesitan de suelos limoso-arenosos y de gran potencia, en terrazas de la ribera con alto grado de humedad. Se encuentran refugiadas en fondos de valles y laderas umbrías y frescas, conectando en algunos casos con los quejigales y acerales. La especie dominante es el fresno (Fraxinus angustifolia), que alcanza una altura de 25 m y llega a los 1600 m de altitud.

 

OTRAS FORMACIONES VEGETALES

BLANQUIZALES

Se denominan así unas comunidades bien representadas en todos los pisos del Parque Natural y en zonas con diferentes ombroclimas, ya que no dependen de las condiciones macroclimáticas de la zona. Requieren un sustrato específico, las dolomías (carbonato de calcio y magnesio), ampliamente representadas en las sierras de Cazorla y Las Cuatro Villas. Estos materiales son muy disgregables y suelen originar pedregales y arenales que dan relieves escarpados o taludes con fuerte inclinación, lo que hace que los suelos sean móviles y no retengan apenas agua, originándose un ambiente muy seco, a lo que hay que añadir la abundancia de magnesio en los suelos.

Como resultado se ha instalado en estas áreas una comunidad muy especializada, el tomillar-pastizal dolomítico, que también aparece en las etapas de degradación de los bosques de pinares autóctonos y encinares. Aparecen especies que presentan raíces fasciculadas y largas capaces de agarrarse a estos suelos móviles y terrosos y con el tallo y las hojas cubiertos por un tomento blanquecino. Entre estas destacan especies como Arenaria tetraquetra, Erodium cazorlanum, Hormatophylla baetica, Convolvulus boissieri, etc.

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 Fotos: Geoiberia

VEGETACIÓN RUPÍCOLA

En los roquedos, voladizos y pedregales viven pequeñas plantas que limitan su crecimiento a las fisuras e intersticios de las piedras. Aunque es un medio hostil, con fuerte exposición al frío y al viento y un sustrato inestable, las plantas que lo colonizan buscan la falta de competencia con otras especies, ya que son comunidades muy abiertas y de escasa cobertura, muchas de ellas plantas relictas del Terciario.

En toda la extensión del Parque aparecen paredes más o menos verticales y cascajares móviles formados al pie de grandes roquedos. El número de especies endémicas de estas comunidades es elevado y muchas de ellas se encuentran amenazadas. El desarrollo de unas especies u otras depende de factores tales como la naturaleza del sustrato, la orientación y la humedad.

La especie más representativa es la Violeta de Cazorla (Viola cazorlensis), extendida por todo el Parque. En realidad, se trata de una rupícola circunstancial, ya que también crece en el suelo, pero en este último caso, su maduración está muy amenazada por los animales.

Estas comunidades son especialmente destacables cuando crecen sobre paredes mojadas continuamente. Vive aquí la Pingüicula vallisneriifolia, planta insectívora, lo que le ha valido su fama, que llega desarrollar extensos tapices sobre las rocas.

En zonas soleadas, donde las paredes se mantienen secas, la diversidad florística es menor. Destacan aquí Sarcocapnos baetica, Potentilla petrophila, Linaria lilacina, Teucrium rotundifolium e Hypericum ericoides entre otros.

En paredes con menor exposición al sol, más frescas y umbrías, la diversidad es mayor, baste nombrar a Campanula mollis, Saxifraga camposii y S. rigoi, Erinus alpinus, Anthyllis ramburii y Antirrhinum australe.

En las zonas altas de la Sierra del Pozo, viven dos especies endémicas únicas en estas zonas, la Aquilegia pyrenaica cazorlensis y el Geranio de Cazorla (Geranium cazorlanum).

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 Fotos: Geoiberia

COMUNIDADES ANTRÓPICAS

Al observar un mapa de usos del suelo, rápidamente sorprende ver la extensión de zonas dedicadas a cultivos agrícolas o forestales. Pero aparte de éstas aparecen en los distintos ecosistemas una serie de comunidades muy extendidas debido al desarrollo de las actividades anteriores.

Las dehesas son encinares aclarados, ahuecados o abiertos para favorecer el pastoreo del ganado.

Aparecen también prados artificiales originados por talas o quemas del bosque, principalmente en zonas llanas o de baja pendiente y que tienen fines ganaderos.

Quizás las más extendidas sean las comunidades de plantas nitrófilas, ligadas a zonas más o menos alteradas y constituidas por plantas muy especializadas que requieren suelos ricos en nitrógeno. Están bien representadas las Crucíferas, Papaveráceas, Compuestas, Umbelíferas entre otros, destacando el gamonito o vara de San José (Asphodelus album).

Las comunidades arvenses constituyen la vegetación nitrófila de barbechos y cultivos, donde abundan las especies anuales, muchas de ellas pioneras y adaptadas a vivir en terrenos removidos y alterados continuamente. Son típicas de éstas los jaramagos, nazarenos y amapolas, muy extendidos en los olivares. En los cultivos abandonados son muy característicos los tomillares nitrófilos.

Las comunidades ruderal-viarias se desarrollan a lo largo de caminos y veredas, en las proximidades de cortijos y corrales de ganado, cunetas, etc. En estas zonas, a veces existe un suelo lo suficientemente desarrollado para albergar plantas de mayor tamaño, destacando los cardos, las malvas, y el hinojo.

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Fotos: Geoiberia

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