Ecodiversidad del PN Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas

Biotopos

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Sarcocapnos baetica sobre los muros del Castillo de Hornos. Foto: Geoiberia


El análisis del medio físico del Parque y la asignación espacial de los principales riesgos ambientales y/o los conflictos que generan sobre el medio las actividades humanas posibilita la identificación de distintas unidades de diagnóstico. Los criterios de definición de estas unidades están basadas, por una parte, en la valoración de sus características ecológicas (cubierta vegetal predominante, nivel de conservación, diversidad biológica, ...) y de otra, en los aprovechamientos de sus recursos naturales por parte del hombre y sus posibles impactos. Las unidades espaciales resultantes se caracterizan por agrupar a diferentes formaciones o biotopos que comparten una serie de caracteres, procesos y una determinada vocación natural. El Plan de Ordenación del Parque Natural ha diferenciado, siete tipos de unidades de diagnóstico.

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ÁREAS AGRÍCOLAS

Corresponden a las diferentes zonas de cultivo existentes en el ámbito del Parque, donde la acción del hombre ha originado una importante transformación del medio para su explotación agrícola. Al constituir los espacios más antropizados, se trata de una unidad de escasa relevancia desde el punto de vista ecológico, caracterizándose generalmente por una baja diversidad biológica y una escasa presencia de especies faunísticas, si bien conservan gran parte de su geodiversidad.

Dentro de esta unidad, en función de la aptitud del medio, cabe diferenciar dos tipos de áreas.

Una corresponde a las áreas de clara vocación agrícola, cuyas características edáficas (suelos profundos y fértiles) y topográficas (pendientes suaves) permiten un aprovechamiento agrícola intensivo y continuado compatible con las potencialidades del medio. Se localizan fundamentalmente en el sector noroccidental del ámbito, ocupando el fondo y las vertientes bajas de la depresión Hornos-Guadalimar, y en las áreas limítrofes de transición con la Depresión del Guadalquivir. Suelen presentar un relieve entre suave y acolinado y están dedicados fundamentalmente al cultivo del olivar.

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Flora del olivar. Foto: Geoiberia

También encontramos áreas de vocación agrícola, aunque dispersas y de menor extensión, en zonas de alta montaña, en las navas y depresiones interiores, como las de Fuente Segura-Pontones y los llanos de Santiago de La Espada-La Matea, junto con pequeñas áreas en los fondos de valle, cuya dedicación fundamental son los cultivos herbáceos y de pequeñas huertas.

El otro tipo correspondería a lo que se denominan áreas agrícolas marginales. Vienen definidas por las zonas de cultivos situadas en pendientes superiores al 15 ó 20%, por considerarse éste el límite máximo a partir del cual no puede practicarse el laboreo en condiciones aceptables de estabilidad del suelo.

Los principales riesgos ambientales provienen de la propia degradación del suelo, al acentuarse los problemas de erosión como consecuencia del laboreo continuado en zonas que por las características del medio son de vocación preferentemente forestal. En estas condiciones, el cultivo del olivar es bastante resistente por su buena adaptación a los suelos pedregosos y de pendiente. Se practica en una condiciones de equilibrio precario incluso sobre pendientes muy altas, aunque estos riesgos pueden minimizarse a través de medidas de conservación del suelo (paramentos de retención, cultivo sin laboreo, etc.), siendo poco probable a corto plazo su sustitución por la reforestación en una provincia muy marcada por la cultura del olivar, donde las rentas generadas por este cultivo permiten, a pesar de todo, su mantenimiento. Existen, sin embargo otras áreas, especialmente en la vertiente sur de las sierras de Quesada y Pozo Alcón, caracterizadas por los índices más altos de erosividad de toda la provincia, donde los criterios de gestión deberían orientarse hacia el abandono o reducción del laboreo.

 

PASTIZALES Y FORMACIONES HERBÁCEAS DE ALTA MONTAÑA

La mayor parte de las formaciones que conforman esta unidad son también resultado de la transformación de la vegetación natural por la intervención del hombre. Esta intervención se ha dirigido a la eliminación de la mayor parte de las especies no herbáceas con el objeto de favorecer los aprovechamientos ganaderos, siendo especialmente frecuentes en los municipios del Parque de mayor tradición ganadera, como Santiago-Pontones y Segura de la Sierra. En otros casos, también corresponden a antiguas zonas roturadas para su puesta en cultivo y posteriormente abandonadas como consecuencia de su marginalidad productiva y las limitaciones para la mecanización (suelos pedregosos y en pendiente), observándose ejemplos de este tipo en las Sierras de las Villas y en zonas próximas al núcleo de Pontones.

También se incluyen en esta unidad las áreas colonizadas por diversas formaciones de alta montaña constituidas por especies de bajo porte, como los lastonares, piornales, pastizales de alta montaña acompañados de la presencia de algunas especies arbustivas dispersas (sabinares), etc.

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Erodium cazorlanum. Foto Geoiberia.
Ecológicamente, estas unidades suelen considerarse etapas de degradación de los pinares oromediterráneos, aunque también pueden tener un carácter estable, paraclimácico, sobre todo las áreas de cumbres, al estar adaptadas a las rigurosas condiciones edáficas y climáticas imperantes. Poseen una diversidad biológica media o baja, si bien algunos enclaves dolomíticos destacan por la presencia de endemismos botánicos o especies de gran valor ecológico, como Erodium cazorlanum y Hormatophilla baetica.
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Hormatophilla baetica. Foto Geoiberia.


En general, las áreas de esta unidad pueden considerarse de aptitud fundamentalmente ganadera, salvo en las zonas con pendientes superiores al 30% o que presenten otros factores limitantes, como su interés botánico, al considerarse este valor de pendiente el límite máximo admisible en condiciones aceptables para la conservación del suelo. A partir de estos valores las áreas tienen vocación forestal.

Los posibles riesgos ambientales asociados a estas áreas no son importantes, limitándose a los problemas de erosión en las zonas con fuertes pendientes, degradación de los pastos naturales, invasión de especies nitrófilas, etc. como resultado de una excesiva presión ganadera. En los enclaves colonizados por especies de interés ecológico y abiertos al pastoreo, esta actividad suele suponer el principal riesgo para la conservación de estos núcleos poblacionales.

pn bio2Pastizal de alta montaña, Sierra de Segura. Foto: Geoiberia

 

ÁREAS CON PREDOMINIO DE MATORRAL

Se trata de una unidad constituida por formaciones sustitutivas del primitivo bosque mediterráneo y dominadas por el estrato arbustivo, que aparece acompañado en la mayor parte de los casos de una cubierta arbórea de pinos, aunque de forma dispersa. Se localizan, principalmente, en las zonas bajas del ámbito no ocupadas por cultivos por problemas de pendientes o pedregosidad.

Ecológicamente, estas formaciones están asociadas a la degradación de los ecosistemas originales como consecuencia de las alteraciones provocadas por el hombre -tala, carboneo, incendios,...-, siendo las especies arbustivas predominantes las características de sus etapas de sustitución, dependiendo también del nivel de degradación. Entre las más frecuentes están los romerales, tomillares, lentiscales, jarales y coscojares. También se presentan otras de distribución más restringida, como los cornicabrales, aulagares y madroñales.

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Romero
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Lentisco
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Cornicabra

Fotos: Geoiberia

Poseen una diversidad biótica media, jugando un papel importante como hábitat para determinadas especies faunísticas o como áreas de campeo de numerosos predadores entre carnívoros y rapaces. Así mismo, tienen importancia como etapas previas para la posible regeneración de las formaciones originales.

Los principales riesgos e impactos se encuentran asociados a problemas de erosión y degradación de la vegetación natural en aquellas áreas sometidas a pastoreo. También es alto en algunas zonas el riesgo de incendio forestal, particularmente en ciertas formaciones caracterizadas por un alto grado de pirofitismo.

 

ÁREAS CON RESTOS DE VEGETACIÓN AUTÓCTONA

Corresponde a los enclaves donde aún se conservan restos de las antiguas formaciones de quercíneas que poblaban el Parque antes de llevarse a cabo la transformación de la vegetación natural y su repoblación con fines madereros. En su mayor parte, se trata de restos de encinares y en menor medida de quejigares en posiciones más mesófilas, muy localizadas en sectores concretos del Parque: cabecera y márgenes del Guadalentín, y vertiente oeste del valle del Zumeta, correspondiendo en este último caso a un encinar de alta montaña. En el resto del Parque pueden aparecer enclaves más pequeños y aislados, en algunos de los cuales pueden observarse estas formaciones en estado casi puro, como el quejigal de Arroyo Frío o el encinar de la Cerrada de Utrero.

Aunque son formaciones parcialmente alteradas por la acción del hombre, poseen una alta diversidad biológica y desempeñan un importante papel como hábitat de numerosas especies animales y vegetales, albergando algunas especies de flora que sólo pueden reconocerse en estos enclaves. Su limitada extensión contribuye a incrementar su importancia tanto ecológica como paisajística, diferenciándose claramente de las formaciones de pinares dominantes en el Parque.

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Roble melojo. Foto: Geoiberia

A pesar de su relativo estado de degradación, tienen un valor científico y pedagógico muy importante como áreas testigo de lo que fue la vegetación natural antes de los profundos cambios realizados por el hombre, tratándose de las pocas áreas del Parque donde puede observarse una correspondencia entre la vegetación actual y la vegetación potencial que debió cubrir una gran superficie del ámbito.

Los problemas ambientales a los que se encuentran expuestas alcanzan en este caso mayor relevancia ante la escasa distribución de las mismas. Estos problemas derivan fundamentalmente de la presión ganadera, de la amenaza de sustitución por especies de crecimiento rápido y del riesgo de destrucción por incendios forestales.

 

FORMACIONES FORESTALES ARTIFICIALIZADAS

Representan una de las unidades de mayor extensión en el ámbito, correspondiéndose con los ecosistemas forestales procedentes de las repoblaciones de pino carrasco y negral realizadas principalmente por la Administración sobre una gran parte de la superficie del Parque, o debidas a la expansión natural de estos pinares sobre áreas previamente cultivadas que posteriormente fueron abandonadas.

Altitudinalmente, estas formaciones forestales se localizan en dos franjas diferentes: el pino carrasco en la zona de baja montaña, situado a grosso modo entre los 600-850 m, y el pino negral en la media montaña, entre el límite anterior y aproximadamente los 1.200 m de altitud, si bien estos valores varían de unos sectores a otros en función de factores locales como la orientación y características de los suelos.

pn bio5Pinares en la Sierra de Segura. Foto: Geoiberia

Poseen una diversidad biológica media-alta, en función de las formaciones acompañantes del sotobosque o de la presencia de formaciones residuales del antiguo bosque de encinas, quejigos y acebos y otras frondosas: áceres, serbales, bojedas, etc. Cumplen una función importante desde el punto de vista de la conservación del suelo, como etapa previa a la regeneración de las formaciones naturales y como hábitat donde se desenvuelven numerosas especies vegetales y animales.

Uno de los principales impactos a los que se enfrentan estas formaciones es el de la degradación de la vegetación natural como consecuencia del sobrepastoreo, fundamentalmente en las áreas aclaradas, con el consiguiente desarrollo de procesos erosivos. Debido en gran parte a su carácter de monocultivos, con una alta uniformidad tanto de textura como estructural, comportan altos niveles de riesgo de incendios, como el ocurrido en agosto de 2.005 y provocado por una tormenta seca, y de incidencia de plagas, entre otros riesgos ambientales.

 

FORMACIONES FORESTALES NATURALIZADAS

Esta unidad está constituida por las formaciones de pinares autóctonos de pino salgareño, que suelen alcanzar la franja altitudinal comprendida entre 1.200 y 1.850 m de altitud, aunque pueden aparecer pinares excepcionalmente conservados en determinados enclaves de mayor altitud.

Cabe establecer, sin embargo, una diferenciación entre las formaciones de pino salgareño de alta montaña, situados a partir de los 1.500 m y sobre los farallones prácticamente inaccesibles que delimitan los principales relieves del Parque, donde la intervención humana ha sido poco impactante y la vegetación se encuentra bastante próxima a su estado climácico, coincidiendo con el área de distribución natural de la especie y con una presencia importante de endemismos botánicos, de aquellas formaciones sobre altitudes inferiores que han sido resultado de la propagación de la especie, de forma natural, hacia las áreas desforestadas o de forma artificial mediante repoblaciones, ocupando las áreas potenciales de otras formaciones, como los encinares y quejigares mediterráneos.

eig kpnegro3Pinares en el Karst de Pinar Negro. Foto: Jesús Olivares.

En conjunto, se trata de una unidad que posee una alta diversidad biológica y un extraordinario valor paisajístico. Ecológicamente, las formaciones más naturalizadas, coincidiendo con el área potencial de la especie, pueden asociarse a formaciones climácicas o próximas al clímax, lo que unido a la presencia de un importante número de endemismos en los enclaves rupícolas, contribuye a aumentar el valor intrínseco de éstas áreas.

En cuanto a los problemas a los que se encuentra expuesta, comparte algunos de los principales riesgos ambientales y de origen antrópico descritos en las anteriores unidades, fundamentalmente los derivados de la presión ganadera, riesgo de incendios forestales y presión turística.


MASAS DE AGUA Y ECOSISTEMAS DE AGUA DULCE

Engloba a los distintos embalses y masas de agua dulce situadas en el interior del Parque. Aunque, exceptuando la laguna de Valdeazores, el origen de estos humedales es antrópico, funcionan como ecosistemas peculiares que contribuyen a aumentar la diversidad paisajística y ecológica del Parque.

Así mismo, juegan un papel trascendental como biotopos únicos, donde encuentran refugio numerosas especies de flora exclusivas de estos ecosistemas: algas, macrófitos, vegetación palustre de las orillas, etc., y se advierte la presencia de grupos faunísticos característicos de las zonas húmedas: aves acuáticas, ardeidos, anfibios, peces e incluso el águila pescadora.

Los únicos factores de riesgo se derivan de la importante presión antrópica y recreativa (pesca, baños, etc.) ante la cual son más vulnerables las masas de menores dimensiones y la zona de cola del embalse del Tranco, donde también hay que mencionar los problemas de contaminación por vertidos de aguas residuales de origen urbano-turístico y la presencia de una excesiva presión recreativa, al coincidir con una de las áreas de mayor concentración turística del Parque.

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Río Segura. Foto: Geoiberia

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