Ecodiversidad del PN Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas

Zonificación

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Volando sobre la Sierra de Segura. Foto: Geoiberia.

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En los terrenos del Parque Natural que no estén clasificados como suelo urbano y urbanizable por el planeamiento urbanístico vigente son aplicables los niveles de protección que se recogen en este apartado, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 4.4.c. de la Ley 4/1.989, de 27 de marzo.

Se establecen cinco tipos de zonas dentro del Parque Natural:


ZONAS DE PROTECCIÓN GRADO A · Áreas de Reserva

Constituye el máximo nivel de protección y se aplica a aquellos espacios de características excepcionales, que engloban un conjunto de ecosistemas de relevantes valores ecológicos, paisajísticos y científicos, correspondiendo a aquellos lugares donde están presentes la mayoría de los endemismos vegetales del Parque, cuya necesidad de protección puede comportar la exclusión de las actividades productivas.

Los objetivos de ordenación y gestión para estas áreas estarán dirigidos fundamentalmente hacia la protección y regeneración de los valores botánicos, faunísticos y paisajísticos presentes en estos espacios, así como las actividades de investigación y el uso público restringido y debidamente regulado, que prevalecerán sobre cualquier tipo de aprovechamiento productivo.

pn zona-aÁrea de Reserva de las Acebeas - Nava del Espino. Foto: Geoiberia.

Dentro de esta categoría de espacios, en función de los valores a proteger se contemplan tres Áreas:

  • Área de Reserva de Navahondona-Guadahornillos. El Area de Reserva de Navahondona-Guadahornillos constituye la zona donde se encuentra la mayor concentración de endemismos botánicos del Parque, situándose en el sector meridional, entre las sierras de Cazorla y del Pozo. Se delimita, dentro de esta área, un "Perímetro Experimental de Guadahornillos", cuyos límites están constituidos por los límites naturales del valle Guadahornillos-Agracea.

  • Área de Reserva de Bujaraiza. El Área de Reserva de Bujaraiza se corresponde con un amplio sector de las dos vertientes que delimitan la depresión central donde se sitúa el embalse del Tranco hasta la presa, incluyendo también la isla de la Cabeza de la Viña. Su declaración responde a la confluencia de extraordinarios valores geomorfológicos, botánicos, paisajísticos y culturales, cuya combinación determina uno de los paisajes más característicos y sobresalientes del Parque Natural.

Este espacio queda constituido por tres áreas, desligadas por las aguas del embalse, cuyos límites son los siguientes: Margen izquierda, Margen derecha, Cabeza de la Viña.

  • Área de Reserva de Las Acebeas-Nava del Espino. El Área de Reserva de Las Acebeas-Nava del Espino está constituida por dos áreas disjuntas: Área de Las Acebeas y Área del Calar de Nava del Espino.

 

ZONAS DE PROTECCIÓN GRADO B · Áreas de interés ecológico-forestal

Se incluyen en esta categoría las principales formaciones forestales del Parque Natural, constituidas por los pinares de alta montaña de pino salgareño, situados generalmente a partir de los 1.500 m. de altitud y las extensas repoblaciones de pino salgareño, carrasco y negral, realizadas fundamentalmente sobre montes públicos, o debidas a la expansión natural de estos pinares sobre antiguas áreas de cultivo que fueron abandonadas.

Representan la mayor superficie del Parque Natural y, por tanto, engloban una serie muy amplia de ecosistemas forestales y de montaña, entre los que sobresalen algunos enclaves de interés botánico, faunístico, geomorfológico y paisajístico (farallones rocosos, cañones, gleras, y restos de las antiguas formaciones de quercíneas y bosques de ribera, como acebos, tejos, avellanares, áceres, serbales, bojedas, etc.), constituyendo también el principal soporte de las actividades forestales dentro del Parque.

pn zona-bÁrea de interés ecológico-forestal, Sierra de Segura. Foto: Geoiberia.

Los objetivos de ordenación y gestión de estos espacios consistirán en favorecer la conservación de estas formaciones forestales y su importante función ecológica en la protección del suelo y como soporte de numerosas especies tanto botánicas como faunísticas, algunas de ellas de especial interés, que encuentran aquí su refugio.

Las medidas de ordenación de estos espacios estarán dirigidas a favorecer la explotación ordenada de los recursos naturales, bajo fórmulas que permitan compatibilizar la sustentabilidad de los aprovechamientos tradicionales con la protección de los ecosistemas y sus destacados valores paisajísticos, así como su función social.

Además de la conservación, los criterios de manejo de la vegetación deberán encaminarse a más largo plazo a favorecer una mayor diversidad estructural y florística de estas formaciones mediante su transformación paulatina en formaciones mixtas y el enriquecimiento con quercíneas y otras frondosas autóctonas.

 

ZONAS DE PROTECCIÓN GRADO C · Áreas de recuperación

Se caracterizan estos espacios por el predominio de formaciones arbustivas (atochares, romerales, tomillares, jarales y coscojares) sustitutivas del primitivo bosque mediterráneo o por degradación de los pinares, apareciendo acompañadas en la mayor parte de los casos de una cubierta poco densa de pinos.

Se trata de formaciones asociadas a la degradación de los ecosistemas originales a partir de antiguas roturaciones agrícolas en áreas de pendientes, talas, sobrepastoreo y, sobre todo, como consecuencia de incendios, considerándose áreas prioritarias para la realización de actuaciones de restauración forestal.

Se definen tres grandes sectores de localización periférica en el ámbito del Parque: los atochares sobre terrenos comunales de Huesa-Hinojares, lancha de Almicerán-La Cabrilla y el sector Santiago-Las Juntas.

pn zona-cEncinar y coscojar en Santiago-Pontones. Foto: Geoiberia.

Los criterios de gestión de estas áreas deberán orientarse a la realización de las actuaciones necesarias para la recuperación de los ecosistemas forestales. Dado su situación de inestabilidad frente a los procesos de degradación, estas áreas se considerarán preferentes para llevar a cabo proyectos de regeneración de la cubierta vegetal. Así mismo, podrán servir de base para el ensayo de técnicas selvícolas de lucha contra la erosión, de recuperación de áreas incendiadas y de regeneración del matorral autóctono y técnicas de repoblación en áreas de escasa capacidad de autorregeneración. Estas técnicas deberán acompañarse de una adecuada regulación del aprovechamiento ganadero, incluyendo su prohibición temporal en las áreas que se sometan a recuperación. Estas zonas tendrán, por tanto, un carácter transitorio hacia su consolidación como Áreas de Interés Ecológico-Forestal, cuya transformación debe contribuir, por otra parte, a incrementar la diversidad vegetal del Parque mediante la reconstrucción de las formaciones originarias o la creación de otras nuevas.

 

ZONA DE PROTECCIÓN GRADO D · Espacios abiertos

Se aplica esta categoría a una amplia zona constituida por los altiplanos del sector oriental del Parque, en el término de Santiago-Pontones, donde predomina una serie de formaciones de porte bajo: pastizales de alta montaña, lastonares, piornales, acompañados de un arbolado disperso e irregular, fundamentalmente de Pinus nigra, testigos de los antiguos pinares oromediterráneos, y de algunas especies arbustivas como la sabina.

Se trata de áreas muy intervenidas por el hombre a través del aclareo del bosque y la roturación de la vegetación forestal para favorecer las actividades ganaderas. En algunos casos se trata de antiguas áreas que llegaron a ser cultivadas y posteriormente fueron abandonadas por su marginalidad productiva, evolucionando hacia praderas. Pese al evidente grado de transformación del paisaje, se trata de un espacio de gran interés geomorfológico (por la proliferación de las formas cársticas) y paisajístico, albergando algunas singularidades botánicas, sobre todo en los pastizales dolomíticos, sin olvidar su importancia económica como zona tradicionalmente ganadera.

pn zona-dPastizal de alta montaña, Sierra de Segura. Foto: Geoiberia.

En general, su aptitud y vocación es el aprovechamiento ganadero, exceptuando sectores puntuales con problemas de pendiente y erosión donde el criterio más recomendable sería la reconversión hacia el uso forestal.

La gestión de estos espacios deberá orientarse hacia el mantenimiento de los aprovechamientos ganaderos extensivos y su regulación mediante la adecuada asignación de cargas de acuerdo con la capacidad de acogida de las distintas áreas, en términos compatibles con la sustentabilidad de los recursos. También se deberá plantear la realización de actuaciones de regeneración y mejora de los recursos pastables en las zonas más productivas, favoreciendo la reconversión hacia el uso forestal de las áreas de menor aptitud ganadera, mediante la repoblación para la obtención de formaciones adehesadas susceptibles de aprovechamiento ganadero.

Se consideran compatibles dentro de estas áreas:

  • El pastoreo extensivo, en condiciones que no comporten la degradación de los recursos ganaderos, de acuerdo con la capacidad sustentadora de los montes.
  • Los cultivos tradicionales en las pequeñas depresiones susceptibles de aprovechamiento agrícola.
  • La implantación de instalaciones destinadas al manejo y cuidados del ganado.
  • Los aprovechamientos cinegéticos, de acuerdo con lo dispuesto en la vigente Ley 1/1970, de 4 de abril, de Caza; en el Decreto 506/1971, de 25 de marzo, por el que se aprueba el reglamento para la ejecución de la Ley de Caza; en la Orden de 25 de junio de 1991, por la que se dictan normas sobre la regulación de la Caza en Andalucía y demás legislación vigente y siempre que no entren en contradicción con otras limitaciones específicas.
  • La implantación de actividades de uso público y alojamiento sobre edificaciones previamente existentes.
  • La realización de obras de protección hidrológica.
  • La repoblación forestal, especialmente en las áreas de mayor pendiente y sometidas a riesgos de erosión.

Se consideran incompatibles dentro de estas áreas:

  • Las talas de árboles y el desbroce de las especies arbustivas.
  • Cualquier obra o actividad que suponga una degradación de las características geomorfológicas y paisajísticas de estos espacios.

 

ZONAS DE PROTECCIÓN GRADO E · Áreas agrícolas

Corresponden a las diferentes zonas de cultivo existentes en el ámbito del Parque, donde la acción del hombre ha conllevado una importante transformación del medio para su explotación agrícola. Al constituir espacios muy antropizados, sus valores ecológicos son de menor importancia que en las demás áreas, salvo en el caso de las huertas tradicionales, que suelen suponer espacios de cierto interés cultural y paisajístico.

Configuran esta categoría diferentes tipos de espacios agrícolas, entre los que cabe destacar los olivares como cultivo dominante, las huertas tradicionales en las inmediaciones de los cauces fluviales y los espacios agrícolas de montaña. Los olivares se localizan fundamentalmente en el sector noroccidental del Parque, ocupando el fondo y las vertientes de la depresión Hornos-Guadalimar, y en las áreas limítrofes de las sierras con la Depresión del Guadalquivir. En las zonas altas de las vertientes suelen rebasar el umbral máximo del 20% de pendiente deseable para la práctica del laboreo en condiciones aceptables para el suelo. Las áreas de huertas se distribuyen de forma dispersa, tanto en las márgenes de los principales cauces fluviales como en valles serranos junto a pequeños cursos de agua. Por último, los espacios agrícolas de montaña se localizan fundamentalmente en las navas y depresiones interiores de la Sierra de Segura, como las de Fuente Segura-Pontones y los llanos de Santiago de La Espada-La Matea y pequeños fondos de valle donde se combinan los cultivos de huerta con los cereales y forrajeros.

pn zona-eOlivar, Sierra de Segura. Foto: Geoiberia.

Como objetivo general para estas áreas, se plantea el mantenimiento de los aprovechamientos agrícolas tradicionales, mediante la adopción de prácticas respetuosas con el medio que permitan su adecuación tanto a los objetivos generales del Parque Natural como a los objetivos específicos de protección de los recursos sobre los que incide. No obstante, y en relación con las demás categorías, se debe favorecer un régimen menos restrictivo para determinadas actuaciones, destinadas a favorecer la función fundamentalmente productiva que caracterizan a estos espacios. En el caso de las áreas agrícolas marginales o poco productivas, se deberá promover su reconversión hacia categorías de mayor calidad ambiental en consonancia con la vocación natural de estas áreas. Para las huertas tradicionales, al tratarse de espacios en franco proceso de desaparición o transformación, los objetivos han de encaminarse a favorecer la conservación de estos enclaves y evitar cualquier tipo de actividad o acción que pueda suponer una transformación definitiva de sus peculiaridades paisajísticas.

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